Un día, hablando de bueyes y amores perdidos, Marcela me dijo:
-Cuando te caés en una pileta y no sabés nadar, dejate llevar por la caída. Vas a tocar fondo. Tomá fuerzas y empujate. En un instante vas a estar arriba de vuelta...
Y te estoy haciendo caso, Mar.
Por una serie de circunstancias, no pude pasar la noche de fín de año con mis afectos más cercanos. Tenía dos opciones: la primera era pasarla solo (la idea me aterraba. Creía que suicidarse era más sano y menos doloroso); la segunda posibilidad, era caer como paracaidista, en la casa de una de mis empleados, con quien compartimos muchas horas diarias, pero de quien me separa un abismo de años y vivencias, y brindar con sus familiares, a quienes no conozco. Difícil elección, no?

Bueno, la pasé solo, en mi casa. Junté coraje y me dije a mí mismo que era una noche más. Que tenía que estar tranquilo. Que iba a hacer mi rutina: escuchar música, ver alguna película en la tele, y cuando me venciera el sueño, me acostaría a dormir. Hice... Continuar leyendo