
“Háblame!”, grita Francesco,
Francisco,
estirando las manos desahuciadas
Grita, increpa
“Háblame!”,
al viento,
a los árboles atontados…
Silencio.
Y cae al suelo,
rendido,
adormecido de cansancio.
Último resoplo de la búsqueda,
ya no disimulada,
ya no paciente, ni humilde,
sino deseante,
desesperada
Reclamando a gritos
razones,
sentidos,
respuesta,
signo de que hay
alguien
del otro lado
de que no estamos tan solos,
de que no estamos tan lejos…
“Háblame!, Háblame!”
¿Porqué no me habla la tierra?
¿es que ya me olvidó,
de que soy fibra de la suya,
arcilla de su suelo?
Me ha dejado huérfana
O en algún momento me fui de ella…
No la oigo
de trenes,
de gritos,
de hastío apretado
No me llega su viento
No me lava su agua
Ni me aviva su fuego
¿No éramos, acaso, UNA?
¿No éramos, acaso, UNA?
¿Porqué, si no, este
sordo
anhelo?
Juliana