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¡Sorpréndeme!
Amores que matan
Y morirme contigo si te matas. Y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere, mata. Porque amores que matan nunca mueren... (fragmento de "Contigo" de J. Sabina)
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Terceros en discordia

31 de Diciembre, 2007  ·  desamores

El mediodía nos encontró en la habitación de un albergue transitorio de Palermo. El sexo intenso y esperado culminó en un orgasmo de película, sublime. Y desfallecimos. Dos minutos más tarde, encendí los dos cigarrillos. Le dí el primero.

-Cuándo salís para Córdoba?

-Mañana a las 8. De la mañana. Me podrás llevar al aeroparque?

-Si estás listo a las 7, sí. Por los chicos, viste? Se despiertan temprano y quiero estar...

-No problem. En verano también madrugan?

-Desde que no está el padre, no me dejan respiro. Dió una pitada profunda. -Me celan mucho... Y exhaló largo, casi como suspirando.

Analía era la amante perfecta. Diestra como pocas en la cama. Respetable señora, hacia afuera.

-Cuándo vuelve?

-Mañana a la tarde. Hoy hasta las cuatro y media soy sólo tuya. Tengo que estar en la colonia cinco en punto. Sino, las maestritas se enojan...

-Turritas... Cómo si les calentara?

-No...son buenas chicas...

-Vení. Besame...

-Ya? Otro? No me dás respiro...

-Querés que te deje respirar?

-No, tontito... Dejame arriba...

-Como quieras... Matame.

Y cumplió con lo que pedí. Me destrozó.

Luego de ducharnos, me dejó en el centro. La reunión con los ingenieros daneses era a la tardecita, así que aproveché para pasear un rato por Florida. Hacía calor y necesitaba un refresco, así que entré en un café. Me senté y pedí un exprimido de naranjas. Miré por la ventana, cuando no pude dar crédito a mis ojos. Sería ella? Pero...si tenía que pasar a buscar a los chicos por la colonia! No, no podía ser. Dejé diez pesos en la mesa y salí a su encuentro.

-Ana! Analía!

Giró y me miró levemente. Siguió su marcha.

-Analía!

Ahora sí se detuvo.

-Perdón, me confunde...

Era su doble. De no ser por su color de cabello, levemente más oscuro, hubiera jurado que era ella. Pero no. No era...

-Disculpe. Tiene usted razón. Es que conozco a una persona...

-Analía. Le sucede a muchas personas. Sobre todo a los hombres...

-Cómo sabe eso? La conoce?

-Es mi gemela...

Sentí como si un baldazo de agua fría hubiera caído por todo mi cuerpo.

No hacía demasiado tiempo que éramos amantes. Tres, cuatro meses? Pero en todo ese lapso, jamás mencionó que tuviera una hermana. Menos, una gemela...

-Federico, mentí. -Un gusto. Soy de la compañía de seguros. Le soy sincero. No sabía que Analía...

-Muy pocos lo saben. Estamos algo distanciadas. Cosas de familia...sonrió de manera burlona.

-Cómo te llamás? Perdón, te puedo tutear? No te enojes...

-Por favor, faltaba más. Soy Geraldine. Abogada. Así que vos, Federico, dijiste?

-Sí. Dejame invitarte con algo fresco. El calor...

-Dos minutos, nada más. En quince tengo una reunión...

Volví al café, ahora acompañado. Tuve suerte: el exprimido me estaba esperando todavía, aunque el billete no estaba. Quizás el pibe que me llevó por delante cuando entrábamos... No importaba...

-Qué tomás?

-Un café. Cargado.

Ya sentados, pude descubrir que el tono de sus ojos era algo más claro, y que su mirada era extremadamente bella. Más diáfana y profunda.

-Disculpame... No es que me quiera meter. Pero...tienen contacto con Ana?

-Te voy a ser sincera. Hace nueve años que no nos dirigimos la palabra. Pero es un tema estrictamente privado. Así que...seguros?

-Sí. Soy productor y represento a la Compañía en la zona Centro del país. Córdoba, La Pampa y San Luis. Tomá mi tarjeta...

-Carlos F. del Buono? Federico...

-Lo prefiero...

En realidad la F es de Fernando. Pero me la había jugado y no podía echarme atrás.

-Tomá la mía. Me dedico a Familia. Pero somos varios en el Estudio. Si tenés algún quilombo en lo comercial o civil, mis asociados te salvan el pellejo. En serio...somos bravos...

-Lo voy a tener en cuenta. Casada?

-Epa... Qué preguntón que resultamos?

-Uy, sí. Disculpame. De curioso, nomás...

-Soltera. En un principio, por obligación. A medida que fuí conociendo a los hombres, por elección. Hoy que ya me siento una experta, por convicción.

-Pero qué mal concepto tenés de nosotros! Tan malos te parecemos?

-No parecen... Lo son.

-Seguro que pasaste por malas experiencias... Pero todos no somos iguales...

-Para muestra basta un botón...

-No lo creo...

-Creelo... Gracias por el café, pero se me hace tarde...

-Sí, por favor, andá... Me dejás que te llame un día de estos? Quisiera reparar esa mala impresión que tenés de nosotros... Siento que tengo que defendernos...

-Bueno, vos llamame... No te aseguro que lo logres...

-Lo voy a intentar...

-Chau, Carlos Federico. Gracias. Sonrió.

Y se alejó. Su andar era tan sensual que todos se dieron vuelta a mirarla, cuando dejaba el café. Por supuesto que yo estaba incluido en el "todos". Mientras terminaba mi jugo exprimido, me quedé pensando en lo parecidas que eran las gemelas. Y, a la vez, en lo que las diferenciaba. Analía, un volcán en erupción. Directa y ambivalente. Geraldine, más aplomada, sutil y delicada. Ambas, totalmente deliciosas. Y enfrentadas en una disputa que yo desconocía, pero que estaba dispuesto a desentrañar.

Una misión muy delicada. Pero que me seducía terriblemente...

La reunión con los daneses fue exitosísima. En parte se lo debo a la lucidez de Gerardo, mi mano derecha. Logramos asegurar su planta de Bell Ville. Y en condiciones más que ventajosas. Gerardo se recibió de león. Yo estuve tan distraído, tan en otro planeta, que cuando finalizó le concedí el aumento que me venía pidiendo, sin chistar.

Realmente, me desconocía. Desde la conversación con Geraldine no podía concentrarme en otra cosa que no fuera su poder de seducción. Me había descolocado. Sospeché que mi debilidad por ciertas mujeres estaba basada en el efecto que causaban en mí al verles caminar. Y esta vez ese efecto venía por partida doble. Curiosa, pero decididamente, partida doble.

A la mañana siguiente recibí el llamado de Analía.

-En cinco, paso. Estate listo.

Tomé la valija y la esperé en la puerta del hotel. Llegó y me subí a su camioneta. Nos besamos tibiamente. Durante el trayecto al aeroparque, me sentí distante, frío. Creo que Ana percibió algo, pero, por suerte no dijo nada sobre mi estado. Sólo mencionó que Roberto, su marido, había adelantado su vuelta para el mediodía. Afortunadamente no nos íbamos a cruzar.

El vuelo a Córdoba fue perfecto. Era viernes y, salvo por un par de trámites que me retuvieron en la ciudad hasta el mediodía, mi jornada era sumamente light. Me preparé a disfrutar de un fin de semana tranquilo, sin sobresaltos. El único y excluyente tema que ocupaba mi cabeza, era el de las gemelas. Y mi repentina e inesperada obsesión por Geraldine.

El martes de la semana siguiente, la llamé. Creo que la sorprendí. Ambos nos sorprendimos. Le dije que viajaba a Buenos Aires y que sentía la necesidad de que me concediera unos minutos, en algún momento de mi estadía, para poder conversar sobre su homofobia, y que tenía suficientes argumentos para hacerla desistir de sus negros pensamientos. Dudó, al principio. Pero terminó aceptando mi invitación. Y a cenar, el jueves por la noche.

Por supuesto que Analía ni se enteró de mi presencia en Buenos Aires. La súbita aparición de su hermana gemela acaparaba toda mi atención. Me engañaba a mí mismo con el tema de su conflicto, pero en realidad, no podía dejar de pensar en ella, en Geraldine.

-Cómo estás? La semana?

-Bárbaro, pero ajetreada. Antes de la feria de enero siempre es igual. Tus seguros?

-Viento en popa. Con buenos y nuevos contratos. Vos seguís peleada con los hombres?

-No con todos. Sólo con los que me interesa pelearme...

-Y yo...de qué lado estoy?

-Del lado de los buenos...por ahora.

-Ah! Me dejás más tranquilo...

-Bueno...pero no te relajes... En cualquier momento podés cambiar de bando...

-Ojalá que no! Me interesa que nos entendamos...

-Veremos...veremos...

Cada minuto que pasaba, me enganchaba más con su conversación, con sus ojos y su pelo. Mi fama de Don Juan, al lado de ella, corría peligro. Y Geraldine, maquiavélicamente, lo sabía y lo disfrutaba. Contrariamente a lo que esperaba de nuestra primera cita, su actitud fue mucho más ofensiva. Y yo, que me jactaba de ser un lobo voraz, terminé jugando el rol del corderito acorralado, avasallado por su máquina de seducción, desplegada completa y efectivamente para guardarme en su bolsillo, cosa a la que accedí con sumisión total.

Después de cenar se ofreció a llevarme al hotel con su auto. Acepté inocentemente, dejándome sorprender por su repentina decisión de cambiar el rumbo, y aterrizar en la entrada de un albergue transitorio de la calle Ciudad de la Paz. Bajamos del auto y subimos a la habitación. Y así hasta la madrugada. Bajamos y subimos, varias veces. Del cielo al infierno. Y del infierno al cielo. Hasta que le pedí que me dejara en el cielo de sus ojos. Porque mi cuerpo ya no resistía más viajes a las profundidades del placer y de su sexo. Y mirando sus ojos me perdí en el sueño profundo de mi cansancio.

Me desperté a las horas. Estaba solo, en la cama que había sido el marco de una salvaje noche, de placer extremo, de sensaciones extrañas. Me había dejado llevar por ese torbellino que, disfrazado de frágil mujer, me condujo con suma habilidad hasta encontrarme con un sentimiento que creía olvidado. No puedo afirmar tan ligeramente que Geraldine me había acercado a las huestes del amor, pero logró elevarme lo suficiente como para dejarme en las puertas del cielo. Allí donde sobrevuelan los ángeles, disfrazados de simples mortales. 

Sobre la almohada de su lado, una notita explicaba todo:

"Carlos, Federico. Qué más dá? Sos un buen tipo. Antes de marcharme y no vernos nunca más, siento la necesidad de decirte que valés la pena, que sos una buena persona, no sé si tan buen amante, pero lo compensás con creces con tu caballerosidad y mucho esmero. Te pongo del lado de los buenos tipos. Muy alejado del bando de los hijos de puta como Roberto, mi primer novio, que de buenas a primera me dejó plantada para casarse con la turrita de mi hermana gemela. Sé que tenés una relación con ella. Dejala, no te conviene. No fuiste su primer aventura, ni serás la última. Creeme. Te lo digo yo que la conozco muchísimo más de lo que pensás. Es una verdadera zorra. Buscate a alguien más decente. Te lo merecés.

El Estudio de Abogados no existe. Es una pantalla que usamos los de la Organización. Los teléfonos celulares que llevamos son transitorios y los cambiamos periódicamente. No intentes llamarme porque va a ser en vano. Es más, te aconsejo no hacerlo, por tu seguridad. Hay gente realmente pesada metida en esto y no te conviene pasar por momentos desagradables. Haceme caso. Gracias por la cena y la noche. Lo pasé bastante bien. Un beso grande. Gerald"

Llamé a Recepción y pedí que prepararan la cuenta. Me sorprendió el escuchar que la señorita que me acompañaba ya la había saldado y retirado. Les pedí que llamaran a un taxi. Terminé de vestirme y salí. El auto me aguardaba en la puerta.

-Dónde lo llevo?

-Al Aeroparque, por favor.

Quería esfumarme. De Buenos Aires, de Analía y de todo. No pronuncié palabra. El chofer debe haber pensado que era un antipático. Realmente, me tenía sin cuidado. Sólo atiné a mirar a través de la ventanilla cuando llegamos a la costanera. El mar de barro, como llamo cariñosamente al Río de la Plata, me despedía de Buenos Aires. Y era una despedida entre triste y vergonzosa. Tan amarga como el sabor en mi boca. Amarga como el secreto develado.

Georgie

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publicado por georgie a las 16:00 · 4 Comentarios  ·  Recomendar
 
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Comentarios (4) ·  Enviar comentario
Georgie, que historia. Me ha envuelto de principio a fin. En encanta como retratas la situación y como lo llamo a ese sutil y perverso encanto femenino.
¿Sabes algo?. No sé, pero me imaginé a tu Geraldine o Analía con el rostro de Ivete Sangalo... así fresca cruzando las calles... en especial Geraldine... y mirá que Ivete sigue cantando 'Deixo' (que buena canción).
Encuentros, desencuentros. Me gustó. Capo.
Abrazo Gorgie.
¡¡FELIZ AÑO!!.
publicado por RAMMSES, el 31.12.2007 20:39
Rammses,
Celebro que te gustó. Celebro a las gemelas, a Ivete, y a todas nuestras musas. Celebro las fidelidades y las trampas, los amores y desamores, las compañías y las soledades.

Buen inicio, el mejor!
publicado por Georgie, el 01.01.2008 18:42
Y siguen hablando de esa mujer! jaj

Georgie,
Al igual que Rammses, también me llevaste a esa situación...sos genial describiendo los diálogos y las situaciones. ¡Me encantó! pasé de desde esa pasión, hasta la confusión del protagonista; ese desconcierto inevitable.

Muy pero MUY bueno.
Te felicito de verdad.

Un beso
publicado por Mar, el 02.01.2008 11:07
Gracias, Mar, pero no estoy del todo satisfecho con esta historia. No lo digo por falsa modestia, pero luché entre describir bien las situaciones, y no excederme con el tamaño del post. Y la síntesis no me conformó como esperaba. Lo ideal hubiera sido escribirlo en dos o tres partes. Aunque la experiencia me dice que son pocos los que siguen la historia en su totalidad. Por eso lo hice en una, y temo no haber sido lo suficientemente explícito en el compacto. Me conforma saber que, siendo un total aficionado, me puedo dar el lujo de "cometer errores", porque me los pueden y me puedo perdonar.
Un beso grande.
Buen inicio de año.

Georgie
publicado por Georgie, el 02.01.2008 11:30
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Georgie

Para una buena receta no hay que escatimar los ingredientes, no? Ganas, conocimiento, voluntad, buen gusto, buena leche...con un toque de locura, desenfado, amor, ironía y acidez.
Más un poco de historia personal, imaginación, bastante vuelo y un puñado de mentiras piadosas.

Contacto: georgie.jab@gmail.com

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